Si tu trabajo te aburre, no estás fallando: estás pidiendo un cambio
Hay una sensación que casi nadie confiesa en voz alta, la de mirar el reloj a media mañana y descubrir que aún te faltan demasiadas horas para cerrar la jornada. O que las tareas se repitan, que ya no aprendas nada nuevo, la constante sensación de que podrías hacer todas las tareas con los ojos cerrados… Y después, la famosa culpa; “con la que está cayendo, ¿de qué me puedo quejar?”.
Vamos a quitarle hierro al asunto, el primer paso es normalizarlo. Aburrirte en el trabajo no significa que seas un desagradecido/a ni que algo esté yendo mal. Significa, simplemente, que necesitas un descanso o un cambio de aires. Y saber comprender esa señal, en lugar de silenciarla en lo más profundo de tu subconsciente es lo que va a permitirte hacer algo al respecto.
Lo que sientes tiene nombre
Todos conocemos el burnout, es decir, el desgaste emocional y mental por exceso de trabajo. Pero existe su reverso, mucho menos comentado: el boreout, o síndrome del aburrimiento laboral, un término acuñado en 2007 por Philippe Rothlin y Peter R. Werder. Lo describen como un aburrimiento crónico compuesto por tres elementos: la infraexigencia (realizar tareas repetitivas y monótonas), el aburrimiento propiamente dicho (la desgana se aporrea de tus jornadas laborales) y el desinterés (la falta de identificación o implicación con aquello que desempeñas).
Estos autores lo resumen con una imagen que a muchos les sonará: sentir la obligación de estar en el trabajo durante horas sin saber realmente qué hacer. Y aunque, desde fuera, pueda parecer una situación cómoda, la realidad es que desmotiva, desgasta y acaba pasando factura.
Antes de decidir, entiende qué está pasando
Aquí viene la parte importante, y también la más útil; el aburrimiento no siempre implica lo mismo y la solución depende de qué haya debajo.
Pregúntate…
- ¿Es aburrimiento o cansancio? A veces lo que parece desmotivación es agotamiento acumulado. No es lo mismo y, por lo tanto, no se arregla de igual forma.
- ¿Me falta un reto o me falta sentido? Puedes tener trabajo de sobra y aun así sentir que nada lo que haces importa realmente. Son carencias distintas.
- ¿Es el puesto, el equipo o el sector? Cambiar de empresa no arreglará nada si el problema es la profesión en sí misma, y cambiar de profesión es un salto innecesario si el problema es tu jefe.
- ¿Desde cuándo me pasa? Una mala racha de tres semanas no es lo mismo que dos años de rutina pesada.
Si respondes a estas preguntas con honestidad ya tienes la mitad del camino hecho. Porque muchas decisiones precipitadas nacen de no haberse parado a analizar qué falla realmente.
Empieza por aquello que sí está en tus manos
Por un lado, puedes buscar retos dentro de tu propio puesto, como proponer el desarrollo de una mejora que hayas detectado, ofrecerte para un proyecto nuevo, aprender una herramienta que agilice tu trabajo o colaborar con otro departamento. Hablar con tu responsable también puede ser una opción, pero llegarás mucho más lejos si vas con una propuesta concreta (como algo que también resuelve un problema de la empresa) que si llegas solo con un malestar.
Otra vía, que muchas veces reactiva la ilusión más rápido de lo que imaginas, es formarte. Aprender algo nuevo rompe la monotonía, te devuelve la sensación de progreso y, de paso, amplía tus habilidades y conocimientos. No es casualidad que tantas personas recuperen la motivación cuando empiezan un nuevo curso: el aburrimiento, en muchas ocasiones, es hambre por crecer.
Y si el problema no tiene arreglo, ¿dónde estás?
A veces, después de intentarlo repetidas veces, la conclusión sigue siendo clara: debes cambiar de camino. No hay proyectos nuevos que te atraigan o promoción posible. Y descubrirlo tampoco es un fracaso, sino una información valiosa que te hará retomar el viaje. En este caso, la pregunta es: “¿Qué necesito para dar el salto?”
Identifica hacia dónde quieres ir, mira qué competencias piden en los puestos que te interesan, fórmate en lo que te falta y muévete sin prisa, pero con una dirección clara. Cambiar de trabajo desde la calma, con el terreno trabajado, no tiene nada que ver con saltar al vacío desde la desesperación.
El cambio de puesto nunca debe considerarse como un problema, sino como una oportunidad de encontrar algo nuevo que se ajuste a tus expectativas en este momento. A su vez, tampoco eres una rareza, la persona promedio tiene entre 10 y 15 trabajos a lo largo de toda su vida laboral.
Recupera las ganas con Juritecnia
En Juritecnia, llevamos más de tres décadas acompañando a personas que, en algún momento, sintieron que querían algo distinto. Y han sido muchos los casos en los que hemos visto cómo un curso, una formación, reactiva la motivación que alguien creía haber perdido por completo.
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Que te aburras no es el final del camino, es el principio de tu siguiente aventura.






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