Uso de la realidad virtual y aumentada en la enseñanza práctica
La forma en que aprendemos está cambiando. Lo que hace apenas una década parecía ciencia ficción (como ponerse unas gafas y practicar una operación quirúrgica o soldar una pieza metálica), es hoy una realidad en cientos de centros formativos, universidades y empresas de todo el mundo.
La realidad virtual y la realidad aumentada han dejado de ser tecnologías experimentales para convertirse en herramientas con impacto demostrable en la calidad del aprendizaje.
Analizamos a continuación cómo estas nuevas tecnologías están transformando la enseñanza práctica.
Qué son la realidad virtual y la realidad aumentada
Antes de profundizar en sus aplicaciones formativas, conviene distinguir ambos conceptos.
La realidad virtual (RV), sumerge al usuario en un entorno completamente digital. Mediante gafas o cascos, la persona accede a un escenario tridimensional con el que puede interactuar como si estuviera físicamente presente en ese escenario. Esta tecnología permite, por ejemplo, que un estudiante de medicina practique una intervención quirúrgica en un quirófano simulado.
La realidad aumentada (RA), por su parte, superpone elementos digitales sobre el mundo real. A través de un dispositivo móvil, una tablet o unas gafas específicas, el usuario puede ver información adicional, modelos 3D o instrucciones integradas en su entorno físico. Un ejemplo aplicado sería visualizar el sistema circulatorio humano sobre un maniquí.
Ambas tecnologías comparten un objetivo común en el ámbito formativo: hacer tangible lo abstracto y permitir que el alumnado practique en entornos seguros antes de enfrentarse a situaciones reales.
¿Por qué funcionan estas nuevas “realidades”?
El interés creciente en estas tecnologías no responde solo a su novedad, sino a la evidencia acumulada sobre su efectividad. Diversos estudios han analizado el impacto de la formación inmersiva frente a los métodos tradicionales, y los resultados son consistentes.
Un estudio realizado por PwC ha comparado tres modalidades de formación (presencial, e-learning y realidad virtual) en el desarrollo de habilidades entre nuevos directivos. Los resultados demuestran que aquellas personas que se formaron con RV completaron el entrenamiento cuatro veces más rápido. Además, se sintieron 3,75 puntos más conectadas emocionalmente con el contenido y mostraron una mejora del 40% en la confianza a la hora de aplicar lo aprendido, en comparación con la formación tradicional.
Por su parte, el informe GoStudent 2025 sobre el futuro de la educación señala que el 66% del alumnado español considera que las clases con realidad virtual son más motivadoras que las tradicionales. Además, el 85% de los y las estudiantes con dificultades de aprendizaje mejora su rendimiento académico cuando se utilizan entornos inmersivos.
Aplicaciones en la formación profesional
Las posibilidades de aplicación de estas realidades son amplias y abarcan prácticamente todas las familias profesionales.
Estos son algunos de los campos donde la RV y la RA están teniendo mayor impacto:
- Sanidad: Es uno de los sectores donde más se ha avanzado. Los simuladores permiten a estudiantes de enfermería, medicina o a técnicos sanitarios practicar procedimientos clínicos (desde la inserción de una vía intravenosa hasta intervenciones quirúrgicas más complejas). El alumnado puede cometer errores, repetir procedimientos y ganar confianza sin poner en riesgo a ningún paciente.
- Industria y fabricación mecánica: La RV permite simular el manejo de maquinaria pesada, procesos de mecanizado o tareas de mantenimiento industrial. Permiten al alumnado familiarizarse con equipos costosos y potencialmente peligrosos antes de utilizarlos en un taller real.
- Soldadura: Uno de los ejemplos más consolidados es Soldamatic, desarrollado por la empresa española Seabery. Este simulador de RA permite practicar técnicas de soldadura y manejo del arco eléctrico en un entorno controlado, con feedback inmediato sobre la calidad de la ejecución.
- Hostelería y turismo: Los simuladores incluyen escenarios para practicar procesos de autocontrol alimentario, elaboración de fondos de cocina, calidad del servicio o gestión de reservas, reproduciendo situaciones reales de trabajo en restauración y alojamiento.
Beneficios clave de la formación inmersiva
- Aprendizaje seguro: Permite practicar tareas de riesgo (maniobras quirúrgicas, manejo de maquinaria, situaciones de emergencia) sin consecuencias reales. Los errores se convierten en oportunidades de aprendizaje, no en accidentes.
- Mayor retención: La combinación de estímulos visuales y auditivos favorece una comprensión más profunda y duradera de los contenidos.
- Motivación: El carácter inmersivo y la posibilidad de interactuar con el contenido aumentan el interés y la participación activa del alumnado.
- Personalización: Los sistemas más avanzados, especialmente los que incorporan inteligencia artificial, pueden adaptar la dificultad y el contenido al nivel de cada estudiante.
Retos y limitaciones
A pesar de su potencial, la implantación de estas tecnologías no está exenta de obstáculos.
- Coste inicial: Aunque los precios han bajado considerablemente, la adquisición de equipos (gafas, sensores, ordenadores con capacidad gráfica suficiente) y el desarrollo de contenidos específicos siguen requiriendo una inversión significativa.
- Contenidos adaptados al currículo: No basta con disponer de simuladores genéricos; los contenidos deben estar alineados con los resultados de aprendizaje de cada ciclo formativo, lo que requiere un trabajo de diseño pedagógico que no siempre está disponible.
- Resistencia al cambio: Como señalan diversos estudios, parte del profesorado sigue apostando por metodologías tradicionales y no considera prioritaria la incorporación de estas tecnologías.
El futuro: hacia una formación híbrida
Los estudios coinciden en que la realidad virtual y la realidad aumentada no van a sustituir al profesorado ni a la formación más tradicional, pero sí van a complementarla de forma cada vez más relevante.
El 74% del profesorado considera que la realidad virtual será una herramienta de evaluación habitual antes de 2030, según el informe de GoStudent. Y el 61% de las instituciones educativas que ya han implementado estas realidades prevén ampliar su inversión en estas tecnologías en los próximos dos años.
La tendencia general apunta hacia modelos híbridos donde la teoría, la práctica simulada y la práctica real se complementen. Los y las estudiantes podrían, por ejemplo, estudiar los fundamentos teóricos de un procedimiento, practicarlo decenas de veces en un simulador virtual y, una vez adquirida la destreza básica, realizarlo en un entorno real con mayor seguridad y confianza.






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